Una petrolera noruega se ha ido hasta el fin del mundo (casi literalmente) para extraer los recursos energéticos de la Tierra que aún no han sido explotados.
StatoilHydro ASA opera un proyecto pionero en las profundidades del Círculo Polar Ártico, la última frontera energética. La compañía bombea gas natural bajo las aguas heladas del Mar de Barents, lo convierte en líquido y luego lo exporta a Europa y Estados Unidos.
El proyecto, llamado Snoehvit, ha llevado a StatoilHydro y la industria entera del gas y el petróleo a un territorio totalmente inexplorado. Hasta ahora, nadie había producido gas natural licuado en el Ártico, o siquiera en Europa. De hecho, la aventura no le está resultando fácil, ni barata: Snoehvit está sufriendo retrasos y se ha sobrepasado en su presupuesto.
Sin embargo, el atractivo que tiene el Ártico resulta irresistible, y no sólo para StatoilHydro. Se cree que la región contiene más de la quinta parte de los recursos energéticos sin descubrir del mundo. Cálculos conservadores sitúan en 100.000 millones de barriles de petróleo la cantidad de reservas del lugar.
Esto significa un importante aliciente para las grandes petroleras occidentales que han perdido su acce‐so a fuentes en Medio Oriente. El año pasado, en un acuerdo de licencia récord, Royal Dutch Shell PLC pagó US$2.100 millones para poder explorar unos bloques en el Mar de Chukchi, en las costas de Alaska.
El cambio climático también está ayudando. Azotado por constantes tormentas y lleno de icebergs, el Ártico es conocido como uno de los entornos más hostiles de la Tierra. Pero el calentamiento global está derritiendo la capa de hielo de los polos, abriendo nuevas rutas marítimas y descubriendo depósitos minerales hasta ahora inaccesibles.
Cuando un submarino ruso plantó en 2007 una bandera bajo el Polo Norte, algunos predijeron una complicada lucha por las riquezas de la región. Pero desarrollar el Ártico es un proyecto que demorará décadas. Para empezar, está aislado de los mercados tradicionales, la mano de obra y los materiales. Además, los grupos defensores del medio ambiente se resisten al desarrollo de una región que consideran un territorio natural inmaculado.
Ahora que el mundo está sumido en una crisis económica, los mercados de crédito se han cerrado y los flujos de capital están secos, los beneficios económicos que ofrece el petróleo del Ártico también parecen menos prometedores que hace un año. Producir petróleo en alta mar en ese territorio cuesta entre US$35 y US$40 el barril. En un momento en que el crudo se transa más o menos a esos precios, algunos proyectos en el Ártico podrían resultar poco rentables.
El campo de gas de Snoehvit, cuyo nombre significa Blancanieves en noruego, fue descubierto en 1984 cerca de Hammerfest, una pequeña comunidad pesquera que se ubica en el extremo norte del mundo.
La planta entró en producción en septiembre de 2007, pero pasaron meses antes de que funcionara adecuadamente.
La petrolera noruega reconoce que su proyecto estaba “inmaduro” cuando lo lanzó. En octubre, StatoilHydro se vio obligada a subir su presupuesto de costos drásticamente. El estimado para la primera fase era de US$7.730 millones, muy por encima del cálculo original de US$5.240 millones. El costo de las tres fases siguientes creció de US$1.200 millones a US$3.340 millones.
“Ha sido un desastre para la compañía”, concede Gudmund Halle Isfeldt, un analista del banco noruego DnB NOR. Aun así, StatoilHydro se muestra optimista. Actualmente, la planta está operando a entre 80% y 90% de su capacidad, frente al 60% del año pasado, según representantes de la compañía. Pese a admitir que los inicios fueron difíciles, asegura que es un campo con una vida de producción de hasta 40 años.
