Sábado, septiembre 19th, 2009 | Author:

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La comunidad de San Juan se enfrentó a la adversidad en 1944 con la erupción del volcán Paricutín.

La comunidad de San Juan se enfrentó a la adversidad en 1944 con la erupción del volcán Paricutín.

En las profundidades de la parte más densa del bosque de la sierra michoacana, en el altiplano mexicano y en el corazón de las rencillas del crimen organizado, existe una comunidad indígena que según expertos, ha logrado un ejemplar modelo de desarrollo sostenible.

Algo extraño en un país donde la subsistencia y la sostenibilidad difícilmente van de la mano. Pero hay excepciones.

El Instituto Nacional de Ecología (INE), afirma que es probable que la empresa comunitaria de Nuevo San Juan de Parangaricutiro sea la más diversificada y sofisticada de México.

La comunidad indígena de Nuevo San Juan, perteneciente a la etnia purépecha, es propietaria de 20 empresas, que tienen como fuente principal de abastecimiento las riquezas del bosque y con las que generan cerca de 1.500 empleos y cubren las necesidades de casi 7.000 personas.

La erupción

El desarrollo de esta comunidad es tan complejo como su mismo nombre.

Para entenderlo, hay que ir hasta 1944 cuando la erupción del volcán Paricutín enterró bajó la lava los cimientos de un pueblo que por 300 años se erigió sobre sus faldas.

Forzados a desplazarse, los indígenas se adentraron en el bosque e hicieron de sus pinos y encinos su mayor recurso.

Tardaron más de 30 años, sin embargo, en darse cuenta de que había que organizarse, apropiarse de sus recursos y establecer leyes para la explotación de la madera y la tenencia de la tierra.

Después, crearon programas de reforestación y vigilancia de sus bosques en los que la principal regla es mantener un límite de 70 mil metros cúbicos de explotación del bosque.

Además, acordaron renunciar a sus derechos individuales sobre la propiedad y trabajaron sobre la base de una empresa comunal que destina sus ganancias a la reinversión, nuevos proyectos, recuperación de tierras y trabajos sociales.

Un bosque, varias empresas

Una de las prioridades de la comunidad es la venta de aguarrás, que se crea a partir de la extracción de resina, sin afectar la vida útil de los árboles.

La resina es la sangre a través de la cual los indígenas analizan si un árbol está listo para morir.

La reforestación y una vigilancia constante de los bosques son trabajos prioritarios en la comunidad.

“Extraemos la resina de los árboles adultos por varios años y finalmente, cuando el árbol se rinde, se tala”, explicó a BBC Mundo Francisco Echeverría, comunero de Nuevo San Juan.

La comunidad también produce muebles, astillas para celulosa, cajas y distintos tipos de madera.

Pero no se trata exclusivamente de artesanos, Nuevo San Juan tiene entre sus empresas un canal de televisión por cable, cabañas eco-turísticas, una purificadora de agua, una tienda comunal, una empacadora de frutas y una fábrica de agroquímicos y abonos orgánicos, así como plantaciones de aguacate.

Sus productos son vendidos a grandes empresas mexicanas y también son exportados a Japón, Estados Unidos, Irlanda y Bélgica.

Ante la gran variedad de productos, exportaciones y un elogiado éxito empresarial, la gran pregunta es a cuánto ascienden las ganancias de Nuevo San Juan, una pregunta que son bastante renuentes a contestar.

Después de mucho insistir, finalmente la contadora de la comunidad Alejandra Ruiz, informó que Nuevo San Juan genera cerca de US$4 millones anuales, pero las cifras exactas de sus ingresos prefirió mantenerlas en secreto.

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Nuevo San Juan: ¿paraíso en el infierno?, 9.4 out of 10 based on 14 ratings
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