ES NUESTRO OCÉANO: 19 de agosto, 2009
Acabamos de dejar la zona de convergencia, el “gyre”, como se conoce a la corriente circular en el Pacífico Norte. Lo que hemos hallado hasta ahora es prueba suficiente para convencer a quienes aún tenían dudas. Encontramos trozos de plástico en cien redes que lanzamos al mar para recoger muestras. Incluso vimos basura plástica fuera de la zona de convergencia, donde se supone que no existiría.

Doug Woodring va en busca de basura.
Para mí el hallazgo también fue una sorpresa. Sabía que no nos encontraríamos con una “isla” como tal, pero no esperaba toparme con esta presencia masiva de fragmentos pequeños de basura dispersa por todas partes. La pregunta ahora es: ¿qué profundidad tiene esta basura?, ¿cuánto tarda un objeto en descomponerse en fragmentos más pequeños, lo que llamamos “confeti”, desde que comienza su viaje en el mar?
Apenas estamos viendo la punta del iceberg. Y esto es triste, porque hay inmensas partes del océano que no hemos explorado. Las características de la corriente circular del Pacífico Norte sugieren que el problema es mucho mayor de lo que hemos podido ver en dos semanas.
Nuestro viaje nos muestra que el hombre ha extendido su influencia y su huella medioambiental a los rincones más remotos del mundo, en este caso el océano.
Sólo vimos dos embarcaciones en todo nuestro tiempo en el “gyre”, y una de ellas fue el Kaisei. Casi no hay aviones sobrevolando la zona. Ésta es una zona “quieta” en lo tiene que ver con actividad humana: no se ve a nadie trabajando o contaminando. Pero aún así hemos dejado nuestra marca en la forma de residuos. Basura producida por cada uno de nosotros.
Sólo hay un océano. Es nuestro océano y es hora de que apreciemos su importancia en nuestra vida diaria, aunque no lo veamos cada día. Es hora de apreciar nuestro océano, en lugar de siempre extraer de él lo que nos hace falta o agregarle nuestra basura.

